TIEMPO DE ADVIENTO

TIEMPO DE ADVIENTO

Este domingo iniciamos, por gracia de Dios, un nuevo Año litúrgico, que se abre

naturalmente con el Adviento, tiempo de preparación para el nacimiento del Señor. El

concilio Vaticano II, en la constitución sobre la liturgia, afirma que la Iglesia «en el

ciclo del año desarrolla todo el misterio de Cristo, desde la Encarnación y la Navidad

hasta la expectativa de la feliz esperanza y venida del Señor.

De esta manera, «al conmemorar los misterios de la Redención, abre la

riqueza del poder santificador y de los méritos de su Señor, de modo que se los hace

presentes en cierto modo, durante todo tiempo, a los fieles para que los alcancen y se

llenen de la gracia de la salvación».

Esta es la realidad del Año litúrgico vista, por decirlo así, «desde la perspectiva de

Dios». Y, desde la perspectiva del hombre, de la historia y de la sociedad, ¿qué

importancia puede tener? La respuesta nos la sugiere precisamente el camino del

Adviento, que hoy emprendemos. El mundo contemporáneo necesita sobre todo

esperanza: la necesitan los pueblos en vías de desarrollo, pero también los

económicamente desarrollados. Cada vez caemos más en la cuenta de que nos

encontramos en una misma barca y debemos salvarnos todos juntos. Sobre todo al ver

derrumbarse tantas falsas seguridades, nos damos cuenta de que necesitamos una

esperanza fiable, y esta sólo se encuentra en Cristo.

 El Señor Jesús vino en el pasado, viene en el presente y vendrá en el futuro.

 Abraza todas las dimensiones del

 Es «carne» como nosotros y es «roca» como Dios. Quien anhela la libertad, la

justicia y la paz puede cobrar ánimo y levantar la cabeza, porque se acerca la liberación

en Cristo. como leemos en el Evangelio de hoy. Así pues, ponemos también el fundamento de la esperanza.

 también el fundamento de la esperanza. Y todo ser humano necesita constantemente la esperanza.